Europa y sostenibilidad: tendencias ESG 2026 y competitividad empresarial.

Tendencias ESG 2026: sostenibilidad, competitividad y el nuevo papel de la empresa

Por Marta Peloche, Project Manager de BELIEVERS.

La agenda ESG entra en 2026 en una fase de redefinición profunda. Tras más de una década de avance normativo, expansión de las finanzas sostenibles y consolidación de estándares internacionales, el contexto económico, social y geopolítico ha cambiado de forma estructural.

Hoy, la sostenibilidad ya no opera en un entorno de crecimiento continuo ni de consensos amplios. La economía global crece menos, lo hace con mayor volatilidad y está atravesada por tensiones geopolíticas, crisis energéticas, polarización social y riesgos físicos derivados del cambio climático. En este escenario, la sostenibilidad deja de ser un marco de cumplimiento para convertirse en una decisión estratégica.

Europa, que ha liderado la agenda ESG durante la última década, afronta ahora su prueba más exigente: demostrar que la sostenibilidad puede reforzar su competitividad económica, su base industrial y su cohesión social. El Informe Tendencias ESG 2026 de Forética identifica las claves de este nuevo ciclo. Este artículo recoge esas tendencias y las traduce al plano empresarial y estratégico.

Europa ante su prueba de fuego: la sostenibilidad como factor de competitividad

Una de las ideas centrales de las tendencias ESG 2026 es clara: la sostenibilidad solo avanzará si refuerza la competitividad europea. En un mundo que se articula en torno a dos grandes modelos —Estados Unidos y China— Europa mantiene una elevada ambición climática y regulatoria, pero lo hace asumiendo costes inmediatos y visibles.

Estos costes coinciden con debilidades estructurales: una brecha persistente de productividad frente a otras economías avanzadas, precios de la energía elevados y una alta dependencia exterior de materias primas críticas. En este contexto, desligar sostenibilidad y competitividad no es una opción viable.

La revisión normativa que culmina en 2026 da lugar a lo que se ha denominado una “desinflación regulatoria”. No supone un abandono de la agenda ESG, sino un cambio de enfoque: menos énfasis en el cumplimiento formal y mayor foco en la integración estratégica de la sostenibilidad como palanca de valor, innovación y autonomía energética.

Para las empresas, este cambio se traduce en tres prioridades: orientar la sostenibilidad hacia la creación de valor, reforzar la resiliencia de las cadenas de valor y reducir la vulnerabilidad geopolítica en un entorno global cada vez más fragmentado.

Los años que vivimos peligrosamente: contexto económico y finanzas sostenibles en 2026

El contexto económico que acompaña a la agenda ESG es hoy más incierto y volátil. La economía mundial crece a un ritmo inferior al de décadas anteriores y los grandes shocks —financieros, sanitarios, geopolíticos— son más frecuentes. Este entorno ha puesto a prueba uno de los principales motores del avance ESG: las finanzas sostenibles.

Durante años, los activos ESG se beneficiaron del llamado “tándem virtuoso”: mayor rentabilidad y menor riesgo. En los últimos ejercicios, este patrón se ha debilitado. La crisis energética, el auge de los combustibles fósiles, la polarización política en torno al acrónimo ESG y la expansión acelerada de la inteligencia artificial han alterado las dinámicas de mercado.

Sin embargo, el ajuste no es estructural. El volumen total de activos bajo gestión con criterios ESG sigue creciendo y el mercado de financiación sostenible —especialmente los bonos verdes— ha mostrado una notable resiliencia, alcanzando nuevos máximos de emisión. Más que un retroceso, 2026 se perfila como un año de transición, en el que los mercados comienzan a recuperar una visión de largo plazo.

Para las empresas, este contexto exige revisar el business case de la sostenibilidad, reforzar la gobernanza y volver a poner el foco en los fundamentales: calidad financiera, estabilidad y resiliencia.

Brechas que nos dividen: la importancia de lo social en la agenda ESG

La dimensión social emerge con fuerza como uno de los ejes críticos de las tendencias ESG 2026. El menor crecimiento económico y la mayor volatilidad han reducido la percepción de oportunidad, especialmente en los países desarrollados. A ello se suman brechas estructurales que afectan directamente a la cohesión social.

En España, estas brechas se manifiestan de forma especialmente clara en tres ámbitos: el acceso a la vivienda, la pobreza infantil y el envejecimiento de la población. La dificultad de los hogares jóvenes para formar patrimonio limita la movilidad social y condiciona la productividad futura. Al mismo tiempo, el Estado del bienestar afronta tensiones crecientes derivadas del aumento del gasto en pensiones y sanidad.

Ante estos límites, la empresa deja de ser un actor periférico y pasa a ocupar un lugar central como agente de estabilidad social. La sostenibilidad social se integra así en la licencia para operar. La capacidad de atraer talento, innovar y crecer está cada vez más condicionada por el entorno social en el que operan las compañías.

En este contexto, la inversión en capital humano —a través del upskilling y el reskilling— se consolida como una de las contribuciones más relevantes del sector privado a la sostenibilidad social.

Adiós al objetivo 1,5 ºC: adaptación y resiliencia climática

En el ámbito ambiental, 2026 consolida una realidad incómoda: el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC está fuera de alcance. Aun así, cada décima de grado cuenta. La transición energética continúa avanzando y se han producido progresos relevantes, como el desacoplamiento progresivo entre crecimiento económico y emisiones o el peso creciente de las energías renovables.

No obstante, los riesgos físicos del cambio climático se intensifican y tienen impactos cada vez más visibles sobre la salud, las infraestructuras y la actividad económica. En este escenario, la mitigación ya no es suficiente por sí sola. La adaptación y la resiliencia climática ganan protagonismo.

Para empresas y gobiernos, esto implica priorizar inversiones en infraestructuras resilientes, sistemas de aseguramiento y planificación a largo plazo. Retrasar estas decisiones incrementa de forma exponencial los costes futuros y la vulnerabilidad económica.

El agua como vector estratégico de riesgo y oportunidad

El agua se consolida como uno de los principales vectores de riesgo físico del cambio climático. A pesar de cubrir gran parte del planeta, el acceso seguro y continuado al agua dulce se convierte en uno de los mayores retos del siglo. El estrés hídrico, las sequías prolongadas y las precipitaciones extremas afectan ya a la producción, las infraestructuras y las cadenas de valor.

La gestión del agua en empresas deja de ser un asunto sectorial para convertirse en una prioridad estratégica transversal. Reducir la huella hídrica, invertir en infraestructuras inteligentes y avanzar hacia modelos water positive son líneas de actuación clave.

Incluso en sectores no intensivos en consumo de agua, el riesgo hídrico puede condicionar la capacidad productiva, la continuidad operativa y la licencia para operar. En este ámbito, la colaboración público-privada será determinante.

Implicaciones estratégicas: el nuevo rol de la empresa en la agenda ESG 2026

Las tendencias ESG 2026 dibujan un cambio de paradigma. La sostenibilidad deja de ser un marco normativo o reputacional para convertirse en una estrategia de supervivencia y liderazgo. En un entorno de menor crecimiento, mayor volatilidad y tensiones sociales y ambientales, las empresas que integren la sostenibilidad en su modelo de negocio estarán mejor posicionadas para competir.

Esto implica pasar del cumplimiento a la integración estratégica, reforzar la gobernanza, anticipar riesgos climáticos y sociales y alinear la creación de valor con el largo plazo. En este nuevo ciclo, la sostenibilidad es el lenguaje que conecta competitividad, resiliencia y futuro.

Conclusión: convertir las tendencias ESG 2026 en ventaja estratégica

Las tendencias ESG 2026 no describen un futuro lejano, sino un nuevo marco operativo que ya está en marcha. La sostenibilidad deja de ser un ejercicio de alineación normativa o comunicación para convertirse en un sistema de decisiones que afecta a la competitividad, la resiliencia y la capacidad de creación de valor de las organizaciones.

En este nuevo contexto, las preguntas clave ya no son si avanzar en ESG, sino cómo hacerlo con sentido estratégico: cómo priorizar, dónde invertir, qué riesgos anticipar y cómo integrar la sostenibilidad en el corazón del modelo de negocio sin perder foco económico.

Desde BELIEVERS. creemos que el verdadero reto no está en conocer las tendencias, sino en traducirlas en estrategia accionable. Acompañar a las organizaciones en este proceso implica ir más allá del diagnóstico: ayudar a conectar sostenibilidad y competitividad, impacto social y talento, transición climática y resiliencia operativa.

Las empresas que afronten este nuevo ciclo con una visión integrada estarán mejor preparadas para navegar la incertidumbre y liderar el cambio. 

En BELIEVERS, de la mano de nuestro partner estratégico WAKE UP! SUSTAINABILITY, ayudamos a las organizaciones a transformar las tendencias ESG en decisiones estratégicas: desde la definición de prioridades hasta su integración en el negocio.

La comunicación y el PR son clave para activar esa estrategia: permiten traducir las decisiones ESG en un relato coherente, inspirar a los stakeholders y generar confianza y legitimidad en el entorno. Contactanos si quieres abordar este nuevo ciclo con una mirada clara, rigurosa y orientada al impacto.